miércoles, 5 de agosto de 2009

Breves dosis de somnolencia


¡Tus brazos no me quieren soltar!

Despierto respirando rápidamente y sudando frió. Un rayo de luz de luna entra por mi ventana, las cortinas se levantan furiosas. La obscuridad me rodeaba. Me estiro para alcanzar la lampara que tengo sobre el buro pero mi brazo tropieza con un retrato. Enciendo rápidamente la luz y veo que el cristal esta roto.


3.45 am y yo despierta ¡DIABLOS! Llevo varios meses sin dormir prolongadamente, solo tengo breves episodios de sueño ya que su recuerdo me persigue... ¿Estará bien? Simplemente no me puedo concentrar.

Recojo el retrato y me dirijo hacia la ventana, la cual estaba abierta. Observo el perfecto cuarto menguante de la la luna, el cielo color azul profundo con ligeros tonos violetas que pertenecen a las hermosas nubes que se dibujan en el cielo nocturno. El aire sopla sobre los arboles y choca con las pequeñas hojas, haciendo un sonido que podría asustar. Los grillos cantan sin cesar y un perro a lo lejos ladra con singular alegría.

Un viento helado sopla, acariciando mi rostro y hace que cierre mis ojos mientras toca mis labios. Al hacerlo, una imagen añorada abraza mi mente. ¡Eran tus labios!, pensé. Rápidamente mi mente comenzo a redactar cosas para ti, involuntariamente comencé a llorar mientras cientos de palabras se acomodaban sin parar al igual de miles de disculpas por comenzar relaciones después de ti.

Y como en una película, figuraron los sueños que teníamos juntos. Aquellos que con tanto anhelo habíamos dibujado y que estábamos convencidos de que íbamos a lograrlos.

Abro los ojos y lo primero que veo son tus ojos. Estabas ahí, sonriendo. La mas hermosa sonrisa que he visto en toda mi vida. Extendiste tu mano, en señal de que te acompañara. El miedo en mi era evidente, ¿como estabas flotando?. Cogí la mi bata y me la puse, subí a la ventana y sin pensarlo, tome tu mano. ¡Eras real!

Mis pies descalzos, rosaban con la fría brisa de las 4.10 am. No me decías palabra alguna, seguías sonriendo. Yo te miraba fijamente, emocionada, sin saber a donde nos dirigíamos solo con la firme convicción de que tu me protegerías de cualquier altercado.

En un momento aterrizamos. Estábamos en aquel árbol que tanto nos encantaba pero vaya sorpresa que nos llevamos; el árbol estaba destruido. Miles de cenizas estaban a nuestro alrededor. Alguien lo había quemado. ¿Quien podía ser tan cruel? te pregunte. Tu me miraste con asombro, como si supieras que sabia la respuesta.

Comencé a buscar indicios de quien haya incendiado nuestro lugar favorito. pero solo encontré cientos de hojas moradas hechas cachitos, las hojas parecían las de un blog que tu me habías obsequio. Tu caminabas a mi lado, como el perfecto maestro: "haciendo me caer en cuenta de mi error"

Camine hacia el pequeño lago de tortugas que construimos y vi que estaban rotas todas esas pequeñas conchitas que habíamos recogido en nuestra ultima salida. La arena que estaba al rededor, tenia una huella de la suela de un zapato.

Señalaste hacia un rincón del pequeño parque, una pequeña llama seguía encendida y parecía estar alimentada por algunos artilugios que no le permitían apagarse. Nos acercamos y observamos que eran cientos de retratos, cartas y tiliches románticos. Tome un poco de tierra, pero en mis manos no cabía la suficiente como para apagarla entonces tu soplaste e inmediatamente la flama se apago. Pensaba que ahí encontraría la respuesta a este terrible crimen pero lo que encontré fue peor de lo que imagine: ¡las fotos eran nuestras, las pastas del blog de hojas moradas estaban ahí con nuestras iniciales, cartas con tu letra, con la mia ¡HABÍA SIDO YO QUIEN INCENDIO NUESTRO LUGAR ESPECIAL)

Corrí lo mas que pude. No podía creer que había sido yo. Mire mis manos y estaban llenas de un polvo negro y olian a thiner. Grite lo mas que pude hasta quedar casi afónica. Tu me abrazaste y dijiste por primera vez en toda la noche: ¡No has sido tu!

Mis piernas se volvieron plomo, mis manos calleron. No podía articular palabra alguna. Me ayudaste a ponerme en pie, dirigiéndome hacia un muro que dividía nuestro cendero. Había unos pies conocidos. Corrí hasta ahí y caí rendida ante aquel hombre que yacía muerto. ¡ERAS TU!

No podía aceptarlo. Me miraste llorando y señalaste aquel muro. Una hermosa caligrafía se plasmaba en ella, era tu letra.

"La disculpa mas sincera y profunda a la niña que sera por siempre el amor de mi vida. Los errores que cometí durante este tiempo han causado un daño irreparable en tu corazón. Por tanto he decidido quemar todo aquello que te recuerde la felicidad que nunca pude mantener, eso me incluye a mi. Te amo por siempre."

Las lágrimas se extendieron por más de 2 horas, hasta que bese tus labios fríos y tiesos, sin amor y sin aliento, me levantaste y me abrazaste. Me tengo que ir, dijiste. Besaste mi frente y me abrazaste, te tome por los hombros y dijiste: es hora de marcharme. Me aferre a tus brazos gritando:

¡Tus brazos no me quieren soltar!

Volví a despertar, con la reparación agitado y sudando frió. Nuevamente la oscuridad me rodeaba y el rayo de luna caía sobre mi habitación mientras las cortinas bramaban. Me estire y volví a tirar el retrato. Me asome por la ventana y ese perro ladraba, los grillos cantaban y el aire soplaba. Una luna en cuarto menguante adornaba la noche azul profundo y nubes violetas. El viento sopla sobre mi y me hace cerrar los ojos al momento que trae a mi cabeza tu recuerdo. Abro los ojos y vuelvo a ver mi soledad. ¿Donde estas?